15.8.09

En la modificación técnica del cuerpo se juega también una inversión fundamental en nuestra cultura. Deyanira Torres le llama “el fracaso de la psicología” (2008). Antes, los problemas de imagen del cuerpo (estoy muy gordo o feo) se resolvían con la lógica del cambio interno: “acéptate como eres”. Ahora, esta “interioridad” se traspasa mediante la cirugía plástica. Cambiar el “afuera” (la apariencia, la superficice) es cambiar el “adentro”. La interioridad desaparece y es canjeada por una externalidad pragmática y económica.
Esta inversión, este cambio de límites, la explica también J.G. Ballard. Antes, la realidad, lo objetivo era el mundo externo, mientras que lo subjetivo e imaginario sucedía dentro de la cabeza de los humanos. Ahora, el “afuera” está completamente ficcionalizado: anuncios espectaculares, slogans, canciones, tv y computadora muestran evidentemente lo ficticio de nuestra realidad (como la película The Matrix (1999) intenta explicar). Así, el individuo queda con la enorme, y quizá imposible responsabilidad de construir lo objetivo, lo real, lo no ficticio, adentro, en su cabeza (Ballard, 1990b). “Ya sólo nos falta mandarnos mensajes de texto a nosotros mismos” dice Sterling (2009).