15.8.09

Nos hacemos adictos y pareja sexual de los aparatos que nos invaden, como Harry Benson, personaje central de la novela de Michael Crichton, The Terminal man (1973), un peligroso criminal a quien se le implanta un dispositivo que estimula los centros de placer en el cerebro cada vez que tiene un impulso violento. El personaje provoca los ataques de ira para sentir placer y se hace inmune a su aparato de control.