Virilio habla de la “desurbanización” (1997) como un proceso que se ha dado en la civilización occidental durante la segunda mitad del siglo pasado debido a la existencia del tercer intervalo. Virilio se refiere al abandono de la ciudad, no solamente en términos de migración hacia los suburbios sino en términos de abandono de la calle. Los ciudadanos con acceso a la tecología electrónica tienen cada vez más miedo a la calle y a estar en lugares no protegidos por las fuerzas del orden o cámaras de vigilancia. Las calles han sido criminalizadas por los que no caminan en ellas. El espacio público es abandonado. ¿Para qué salir a la calle si desde mi casa estoy comunicado con el mundo entero, y en mis pantallas aparece todo lo que me pueda imaginar?

El efecto colateral es la “favelización” del mundo, que el sociólogo Mike Davis explora en su libro Planet of Slums. Por primera vez en la historia de la humanidad, hay más personas viviendo en ciudades que en el campo. Este fenómeno “post-urbano” (pues trasciende los límites tradicionales de la ciudad en ‘regiones metropolitanas extendidas’) va de la mano con la pobreza extrema y condiciones miserables de salud. El espectáculo de la pobreza invade las calles desocupadas, trabajando, formal e informalmente, en el área de “servicios”. Esta urbanización no planeada (e implaneable, según Davis) va de la mano con la construcción de infraestructura (súpercarreteras, por ejemplo) que unen las partes más opulentas de la ciudad, “un desempotramiento de las actividades de élite de los contextos terrritoriales locales, un intento cuasi-utópico de apartarse de una matriz sofocante de pobreza y violencia social” (Davis, 2006).

Así, estas ciudades “fallidas” se convierten en escenario bélico: “Estaremos peleando en terreno urbano por los próximos cien años”, dice un asesor del Pentágono (Turse, 2008). La división de clases se convierte en división de una élite se convierte en una división racial. El acceso a la tecnología de comunicaciones y a la biotecnología hace la brecha entre ricos y pobres cada vez más radical. Las fuerzas del orden defienden a la clase dominante con tecnología cada vez más especializada, enfrentándose a los cuerpos tradicionales. A este tipo de guerra se le denomina asimétrica.

La pobreza se vuelve un factor clave en el desarrollo de la especie. Para cierta clase social, las modificaciones corporales se vuelven un lujo y una señal de estatus. Pero para otra, una obligación. Las presiones laborales pueden obligar a un sector de la población a buscar mejoras corporales puesto “que no se pueden dar el lujo de permanecer humanos”, como dice Sterling (2009). Sin embargo, como escribe Torres, “el tercer mundo (la pobreza) garantiza la vieja carne”. (2008)
