15.8.09

Si alguien organizara unas Olimpiadas alternativas, en las cuales el uso de drogas fuera requisito para competir, el cuerpo humano realmente trascendería sus límites. Además, y pensándolo como negocio, la vida en esa villa olímpica sería digna del mejor “reality show”, y los cambios hormonales, sexuales y emotivos de los deportistas, así como los resultados de la experimentación psicofarmacológica, producirían momentos dramáticos francamente entrañables.